Hogar de la historia, los museos han sido durante mucho tiempo los guardianes del conocimiento. Permiten al público explorar más allá de las fronteras y viajar en el tiempo, a veces durante siglos. Con toda esta cultura alojada en edificios, el deseo de ampliar su accesibilidad en línea es tan tentador como desafiante. Si no se puede ver, tocar o contemplar con asombro, ¿seguirán las nuevas generaciones interesadas en ella?
Durante nuestra exploración aprendimos muchas cosas. En particular, descubrimos algunos fundamentos de los museos tradicionales -especialmente los de las ciudades prósperas- que no siempre narran una verdad auténtica. El viaje de muchos objetos hasta estos establecimientos ha estado, en ocasiones, plagado de dilemas éticos y de una historia turbia. Ahora se identifican y comprenden mejor objetos que antes eran desconocidos. Y también, la introducción de momentos modernos en el tiempo que tienen peso en el mundo tal y como lo conocemos ahora.
En estos casos, nos preguntamos si el ámbito digital ofrece una forma de corregir estos errores históricos. ¿Puede la nueva tecnología narrar mejor una historia más inclusiva y veraz, estableciendo un nuevo paradigma para las generaciones futuras?
En esta serie no nos limitamos a analizar la sustitución de lo físico por lo virtual. Estamos analizando la esencia misma de la educación, la representación y las experiencias que queremos transmitir a las generaciones futuras.
Antes de construir algo en el mundo de nosotros, tenemos que comprender mejor sus puntos fuertes y débiles en el mundo en el que vivimos: el mundo virtual. El aprendizaje en los museos sólo se ha imaginado de una manera. Queremos saber qué depara el futuro a estas cosas del pasado.