Pero evitar estas conversaciones sólo puede funcionar durante un tiempo. Cuando llegue el momento de afrontarlas, aquí tienes tres sencillos pasos para guiarte:
Sé honesto y sincero cuando digas que no lo sabes todo. Admitir que no tienes todas las respuestas ayuda a desmontar el mito del "padre que todo lo sabe". Con demasiada frecuencia, los tutores se sienten presionados para tener todas las respuestas, lo que puede crear una falsa sensación de autoridad y dejar poco espacio para la curiosidad o la vulnerabilidad. Crear un espacio en el que esté bien cometer errores -o simplemente no saber algo- fomenta la humildad en sus hijos y le quita a usted la presión de tener siempre una respuesta perfecta.
Una vez que hayas reconocido que no sabes algo, aprovecha para enseñar a tus hijos a buscar información de forma responsable. Investigar juntos en Internet puede enseñarles habilidades cruciales en la actual era de la desinformación. Explora varias fuentes, discute qué hace que una fuente sea creíble y habla sobre cómo reconocer los prejuicios. Estos conceptos pueden introducirse en términos sencillos y adaptados a la edad y curiosidad de su hijo.
A veces, puede parecer demasiado; hacer malabarismos con la investigación, responder preguntas e intentar mantener a salvo a su hijo. No pasa nada por decir: "Ahora mismo no tengo una respuesta para eso". Saber cuándo interrumpir una conversación es saludable para ambos. Demuestra que no estás evitando el tema, sino que simplemente te estás tomando el tiempo que necesitas para procesarlo, recopilar información y volver a hablar de ello cuando estés preparado.